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València en 3 días: la ruta iiiideal

¿Sabes cuánta gente que me sigue en mi cuenta profesional de Instagram me pregunta si con tres días le va a sobrar tiempo en València?

Bastaaaaante. Y la respuesta corta es que no le va a sobrar ni un minuto, pero a la vez no hará falta que se agobie.

Porque tres días cambian la película entera. No vas con el cronómetro en la mano ni tienes que decidir entre una cosa u otra, sino que puedes ir soltando el ritmo poco a poco, parar a tomar algo sin mirar el reloj cada dos por tres y meterte en algún rincón que normalmente se queda fuera de cualquier ruta apretada.

Yo llevo aquí ­­casi toda la vida, así que esta no es la lista que te sale copiada y pegada en cualquier blog de turismo en mi ciudad.

Es el itinerario que montaría yo mismo si tuviera tres días para enseñarte València, con paradas que merecen la pena y con algún rincón que muy poca gente de fuera pisa… aunque debería.

Vamos a repartir los tres días por zonas y por ritmos, para que cada jornada tenga su propia identidad y no acabes con la sensación de haber hecho lo mismo tres veces seguidas.

Al lío, que son 3 días en València hay mucho que ver.

Antes de salir: cómo organizar tres días en València

Para llegar tienes el AVE hasta Joaquín Sorolla, el tren hasta la Estación del Norte —a 10 minutos andando de la otra— o el metro desde el aeropuerto si has volado, que te deja en el centro sin transbordar.

Con tres noches por delante, dónde te alojas empieza a pesar, y aquí sí que merece la pena pararse a pensarlo con calma.

Yo elegiría entre Ciutat Vella y Ruzafa si no te importa gastar algo más, porque las dos zonas conectan de maravilla con el resto de la ciudad y tienen vida a cualquier hora, que para eso te has venido de viaje.

Si el presupuesto aprieta, Patraix o Benimaclet son alternativas la mar de majas sin alejarte tanto como parece en el mapa, o incluso Nou Campanar, al ladito del río.

Aquí tienes alojamientos en València por si aún andas buscando el tuyo.

Para moverte, el centro se camina entero y sin prisa, que para eso tienes tres días por delante.

Para llegar a la Ciudad de las Artes, a la playa o a según qué zona de noche, tira de tranvía, metro o bus, que en esta ciudad van bastante bien y son baratos.

Y si te gusta pedalear, el Valenbisi está repartido por todos lados y para trayectos cortos es una gozada.

Con esto resuelto, toca ponerse manos a la obra con el primero de tus 3 días en València, que empieza donde nació la ciudad hace más de dos mil años.

Primero de tus 3 días en València: el casco antiguo con tiempo para todo

El primer día toca la Ciutat Vella, pero no la versión de correpasillos que haces cuando solo tienes unas horas, sino la que te permite meterte en sitios que nadie pisa porque va con prisa.

Empieza en la Plaza del Ayuntamiento, que se cruza casi sin darte cuenta, con el ayuntamiento a un lado y Correos al otro.

En marzo la plaza se llena de pólvora y de gente hasta arriba con la mascletá de las Fallas, así que ojito si vienes en esas fechas.

Fuera de Fallas está tranquila, así que no te pares mucho y sigue hacia la Plaza de la Virgen paseando.

Ahí tienes la Basílica, el Palau de la Generalitat y la trasera de la Catedral cerrando el conjunto, y si caes un jueves a mediodía te vas a encontrar algo que muy poca gente sabe que existe: el tribunal de riego más antiguo de Europa reuniéndose en la puerta de los Apóstoles, tal cual, resolviendo líos de agua entre agricultores como llevan haciendo desde hace siglos.

No es broma, no; la UNESCO lo sabe y lo proclamó Patrimonio de la Humanidad hace tiempo. Toma ya.

Entra en la Catedral aunque no vayas de iglesias, que dentro se guarda el cáliz que muchos defienden como el auténtico de la Última Cena, con más peso histórico detrás del que cualquiera esperaría.

Y si vas bien de piernas, sube al Miguelete, aunque eso son palabras mayores.

No hay ascensor ni piedad con los escalones, pero la vista del casco antiguo desde arriba compensa cada uno de ellos. Cuando era niño mi abuela me llevó una vez y creo que conté unos 300, pero seguro que me perdí y lo memoricé por pura comodidad.

Pero bueno, piensa que si subió mi abuela con 60 y pico años… ahí queda.

Con tres días por delante puedes permitirte algo que en una ruta más corta no cabe: acercarte hasta la Plaza Redonda, un círculo escondido entre callejuelas con tiendas pequeñas y puestos de toda la vida.

Y desde ahí caer en el Almudín, un antiguo pósito de grano convertido en sala de exposiciones que casi ningún turista pisa y que suele tener entrada gratis.

Cierra la mañana en la Lonja de la Seda –otro Patrimoniazo de la Humanidad– y el Mercado Central, que se miran de frente cruzando la plaza.

Mercado Central de València por fuera
Así luce el Mercado Central

La Lonja es gótico civil puro, con columnas que se retuercen como troncos vivos, y el Mercado es el sitio de venta minorista más grande de Europa, con la estructura modernista de hierro y cristal como telón de fondo.

Pasea entre los puestos sin dar por el culo a los clientes y tenderos –a los guiris les encanta– y prueba algo de queso si te ofrecen.

Y si te entra hambre antes de comer, como piscolabis te puedes pillar una llonganissa de pascua y comértela mientras paseas.

Comida: un arrocito

Busca sitio por el Carmen o cerca de la Lonja, que arroces buenos hay para dar y tomar, y no hace falta que sea paella.

Un valenciano rara vez come arroz fuera de casa, así que no te voy a dar mil nombres, pero sí un aviso: aléjate de las cartas plastificadas con foto de todo, que ahí no vas a comer bien.

Siéntate, pide un cremaet de sobremesa y deja que el cuerpo marque cuándo toca levantarse, que hoy no hay reloj que valga.

Tarde: el Carmen de galería en galería

La tarde es para el barrio del Carmen, pero el de luz de día, que tiene poco que ver con el que sale de noche.

Las calles estrechas están llenas de arte urbano y de galerías pequeñas que abren y cierran sin ningún horario fijo, así que camina sin rumbo y entra donde te llame la atención.

Si te apetece cultura con nombre propio, acércate al IVAM, el museo de arte contemporáneo de la ciudad; queda a un paseo muy corto desde el propio barrio.

Noche: tapeo y calles con sorpresa

Entra por las Torres de Serranos o las de Quart, las puertas que quedan de la muralla medieval, que de noche e iluminadas valen la foto que no te ha dado tiempo a hacer por la mañana.

A partir de ahí, tapeo de verdad de calle en calle: vino, alguna cañita y bares donde se come bien.

¿Sugerencias? Boucan, Botijo, El Templat… o Arandinos o Botijo si te apetece algo más informal y sin postureo.

Entre semana el Carmen respira más tranquilo, casi de vecinos. De jueves a sábado se llena de gente de fuera y de dentro, y el ambiente sube varios grados.

No hace falta plan cerrado esta primera noche; deja que una calle te lleve a la siguiente, que el Carmen está hecho de esquinas con sorpresa.

Segundo de tus 3 días en València: hormigón, agua y un barrio que huele a mar

El segundo día cambia de siglo por completo.

Sales de la piedra medieval para meterte en la parte de la ciudad que tiene menos de treinta años construida: la Ciudad de las Artes y las Ciencias, levantada sobre lo que antes era el cauce del río Turia.

Empieza pronto, que el sitio se llena según avanza la mañana y las fotos sin gente por medio solo te las llevas a primera hora.

Si vienes con críos, entra directo al Oceanogràfic, que es el acuario más grande de Europa y tiene ecosistema propio de tiburones, delfines y belugas conviviendo bajo el mismo techo.

Cuenta con 2 horas mínimo si entras, así que resérvatelo si de verdad te compensa frente al resto del complejo.

Si prefieres quedarte por fuera, el paseo entre L’Hemisfèric, el Museu de les Ciències y el Palau de les Arts ya merece la mañana sin gastar un euro en entrada, sobre todo si caminas bajo L’Umbracle, el jardín elevado con palmeras que conecta todo el conjunto y desde donde sacas la mejor perspectiva del Palau con su cubierta partida.

Con tres días de margen, tómate el complejo sin correr entre un edificio y otro. Siéntate un rato junto a los estanques, que el agua refleja la arquitectura de una forma que solo se aprecia si no vas mirando el reloj.

Comida: cerca del agua, sin alejarte mucho

Entrando hacia el Cabanyal desde allí hay sitios de menú del día decentes y sin necesidad de reservar.

No busques nada gourmet; el objetivo es comer bien y rápido para aprovechar la tarde, que todavía queda barrio por delante.

Si llegas hasta el Cabanyal –objetivo de la tarde– puedes probar en La Peseta o El Clavo, aunque olvídate en tal caso de los menús de mediodía, que no hay.

Pero tapeo sí, y bastante bueno, preferiblemente el de La Peseta.

Tarde: el Cabanyal, casa a casa

Del futurismo de la Ciudad de las Artes y Ciencias pasas directo a un barrio que fue pueblo de pescadores antes de que la ciudad lo engullera.

Fachadas del Cabanyal
El Cabanyal, para tu segundo día

Cada fachada del Cabanyal cuenta algo distinto: hay familias que decoraron su casa con azulejería propia hace más de un siglo, y ese gusto por lo personal sigue vivo hoy en los murales y las galerías que han ido ocupando los bajos abandonados.

Camina las calles perpendiculares al mar, que son las que menos turista pisan, y fíjate en las puertas: cada una parece de un dueño distinto, con su color y su historia propia.

Termina en el paseo marítimo, con la playa de la Malvarrosa a un lado y chiringuitos donde sentarte con los pies casi en la arena.

Con tres días no hace falta que decidas entre bañarte o pasear; si el cuerpo pide agua, te bañas, y si solo quieres sentarte a mirar el horizonte, también hay tiempo para eso.

Noche: Cánovas, la versión tranquila de salir

Para esta segunda noche, tira hacia Cánovas.

Es zona de gente de la ciudad más que de turista, con terrazas que no cierran pronto y una oferta de cenas que va de lo casero a lo con más nivel sin perder cercanía.

¿Sugerencias?

No piso tanto el barrio, así que entra donde más te llame, que ahí no suele haber trampas para guiris como en el Carmen.

No es una noche de barra en barra como primer día; es más de sentarte, cenar con calma y dejar que la conversación se alargue, que mañana toca el último día.

Tercero de tus 3 días en València: río, animales y un final que no vas a olvidar

El último día es el que más gusta a la gente que ya ha estado aquí antes, aunque casi nadie lo mete en su ruta la primera vez que viene.

Empieza en el Jardín del Turia, pero no en el tramo que cruza el centro, sino más arriba, por la zona de cabecera, donde el antiguo cauce del río se convierte en un pulmón verde de más de 9 kilómetros que parte la ciudad en dos.

Ahí arriba está el Bioparc, un zoo pensado de otra manera: sin jaulas a la vista, con los animales sueltos entre vegetación real y fosos disimulados que hacen que te olvides de que estás viendo leones o gorilas desde apenas unos metros.

Cuenta con media mañana entera si entras, que el recinto es grande y se anda bastante.

Si prefieres algo más botánico y menos animal, el Jardín Botánico de la Universitat queda hacia el otro extremo del cauce, cerca del Carmen, y tiene ejemplares centenarios entre invernaderos que pocos turistas visitan.

Ojito al pie de elefante que tienen, toda una eminencia botánica en el país.

Elige uno de los dos según lo que te tire más, que meter ambos en la misma mañana es forzarlo demasiado: ¿Bioparc o Botànic?

Comida: Benimaclet, el barrio de los estudiantes

Tira entonces hacia Benimaclet, idealmente en metro.

Es zona de universitarios con precios que se agradecen después de dos días de turisteo.

Menús del día sencillos, terrazas pequeñas y ambiente de barrio de toda la vida, sin postureo ninguno.

Puedes probar el Terra –vegano–, el Mosqueta –aunque cambió de dueños y creo que ahora se llama de otra forma– o el Qom si no te importa soltar un poco mád de billete.

Tarde: la Albufera, el otro paisaje de València

Aquí viene la parte que casi nadie mete en su viaje y que a mí más pena me da que se salten.

A 30 minutos en coche o bus desde el centro tienes el Parque Natural de la Albufera, un lago de agua dulce rodeado de arrozales que es, ni más ni menos, donde nace la paella de verdad.

También puedes ir en bus amarillo, pero se hace algo eterno el viaje.

Una vez allí, súbete a una barca tradicional al atardecer. El sol cayendo sobre el agua, con los arrozales reflejando el color naranja y el pueblo de El Palmar al fondo, es una estampa que no vas a encontrar en ningún barrio del centro.

Si el mar te tira más que el arroz, la playa de El Saler está a un paso de la Albufera y está mucho menos concurrida que la Malvarrosa, con pinar detrás para hacer sombra si el sol aprieta.

Atardecer en l'Albufera
Así atardece en l’Albufera

Y si quieres un atardecer de postal, vete al embarcadero. Está justo a la entrada del Parque Natural.

Noche: cena de despedida en El Palmar o vuelta al centro

Si te has quedado por la Albufera, cena en El Palmar, que es donde de verdad se come el arroz bueno, con casas que llevan generaciones haciendo lo mismo y sin necesidad de carta con fotos para venderlo.

Yo soy más de comerme los arroces a mediodía, pero a ver qué te encuentras.

Si por el contrario prefieres cerrar en la ciudad, vuelve al centro y busca algo por Ruzafa, que con tres días por delante seguro que te ha quedado alguna calle suya pendiente de la primera noche.

Errores típicos al planear 3 días en València

Visto el itinerario, hablemos de estos errores que deberías evitar a toda costa.

  • Meter la Albufera al final sin comprobar horarios de barca: en temporada baja las salidas se reducen y si llegas tarde te quedas sin atardecer en el agua. Mira el horario antes de salir.
  • Venir en coche pensando en aparcar cerca del centro: Ciutat Vella tiene restricción de acceso por matrícula desde 2021, así que sin autorización no entras aunque insistas. Multazo seguro. Eso sí, si aparcas por fuera, te vendrá fenomenal para ir a l’Albufera, aunque el bus también va de maravilla y contamina mil veces menos.
  • Dejar el Bioparc o el Botànic para media tarde: ambos cierran bastante antes que un museo normal, y si llegas pasadas las cuatro te vas a quedar con la mitad del recinto sin ver.
  • Ir al Cabanyal solo de paso: es un barrio que se merece que le dediques la tarde entera, no un cuarto de hora de camino a la playa.
  • No reservar mesa en El Palmar en fin de semana: los sitios buenos se llenan de gente de la ciudad que también sabe dónde comer bien, y sin reserva te quedas fuera. Garantizado.

Luego no digas que no te lo advertí, ¿eh?

Preguntas frecuentes sobre tus 3 días en València

Venga, a ver.

¿Qué ver en 3 días en València si es tu primera vez?

Ciutat Vella el primer día, la Ciudad de las Artes y el Cabanyal el segundo, y el Bioparc o el Botànic con la Albufera el tercero. Con eso cubres el centro histórico, la parte moderna y el entorno natural de la ciudad.

¿Qué hacer en 3 días en València si ya conoces el centro?

Dedica el primer día a rincones menos pisados como la Plaza Redonda, el Almudín o las calles del centro más moderno que rodea a la Plaza del Ayuntamiento, y aprovecha el tercer día para la Albufera, que es lo que más gente se salta y más pena da perderse.

¿Es mejor el Bioparc o el Jardín Botánico?

Depende de lo que busques: el Bioparc es una mañana entera pensada para ver animales de cerca sin jaulas, y el Botànic es un paseo más corto entre plantas centenarias. Si vas con niños, el Bioparc gana con diferencia.

¿Cómo se llega a la Albufera sin coche?

Hay bus amarillo desde el centro, aunque el trayecto se puede hacer algo largo. Si prefieres ahorrar tiempo, un bus turístico o un taxi compartido te dejan en el pueblo de El Palmar en media hora.

¿Dónde alojarse para 3 días en València?

Ciutat Vella o Ruzafa conectan mejor con todo el itinerario, aunque cuestan algo más. Patraix, Benimaclet o Nou Campanar son alternativas más económicas sin alejarte demasiado del centro.

¿Hace falta coche para esta ruta de 3 días?

No para el centro, la Ciudad de las Artes o el Cabanyal, que se cubren con transporte público o Valenbisi. Para la Albufera sí conviene bus, taxi o coche si quieres moverte con más libertad por el Parque Natural, aunque el planeta y el valenciano medio te agradecerá que lo obvies.

¿Cuál es la mejor época para hacer esta ruta?

Primavera y otoño, con temperaturas suaves para caminar el casco histórico y disfrutar de la Albufera sin agobiarte de calor. En verano el itinerario se hace más duro, sobre todo la mañana del Bioparc. ¿La solución? Parar más en boxes –Aka bares–.

Se acabó lo que se daba

Y así se cierran tus tres días en València: piedra medieval el primero, hormigón y mar el segundo, y arroz, agua y animales o plantas el tercero.

Tres registros que no se parecen en nada entre sí, y aun así vas a salir con la sensación de que te falta ciudad por ver. Eso es buena señal, no un fallo del itinerario.

Cada vez que alguien de mi entorno vuelve de aquí me dice lo mismo: que se ha quedado con más ganas de las que tenía al llegar. Y para mí esa es la prueba de que un viaje ha merecido la pena, más que cualquier lista de checks.

Así que ya sabes: haz la maleta, coge estos tres días como base y deja algo de margen para perderte, que aquí siempre sale a cuenta.