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València en 2 días: la ruta ideal para 48 horas en la ciudad

Con un solo día en la ciudad tienes que elegir entre el mar y la ciencia, entre el casco histórico con calma o corriendo. Pero con dos días no hace falta renunciar a nada de eso, ¡ja!

València en 2 días da para bastante más de lo que parece cuando buscas info en blogs y parece que hay la vida en verso para visitar.

Pero si te planificas bien, dos días te da para cubrir mucho mucho mucho sin matarte a caminar, que si hace calor como en verano se agradece.

¿Te cuento cómo lo planificaría yo?

Antes de salir: cómo organizar dos días en València

Para llegar tienes varias opciones: AVE hasta Joaquín Sorolla, tren más chusterito hasta la Estación del Norte, que está a 10’ andando de la anterior, o el metro desde el aeropuerto si has volado, que te deja en el centro bastante rápido con la línea roja.

Lo importante viene después, porque con dos días de por medio toca decidir dónde vas a dormir, y eso condiciona bastante cómo planteas el viaje entero.

Yo, si tuviera que elegir, me quedaría por Ciutat Vella o por la zona de Ruzafa, que son las zonas que mejor conectan con todo lo demás sin que dependas del transporte a cada rato, y que además tienen el punto de estar rodeadas de bares y de vida a cualquier hora del día o de la noche.

Para eso te has venido de viaje y no para quedarte encerrado en la habitación del hotel viendo la tele, ¿no?

De todos modos son zonas más turísticas y te costará más pela; si quieres ahorrar pero sin desviarte, prueba quizá la zona de Patraix, que también.

Aquí alojamientos en València, por si todavía no tienes el tuyo.

Para moverte, el centro histórico se camina entero, pero para llegar a la Ciudad de las Artes, a la playa o de noche hasta Ruzafa ya conviene tirar de tranvía, metro o bus, que son rápidos de verdad y no te van a comer ni media tarde.

Y si te gusta pedalear, también tienes el Valenbisi repartido por toda la ciudad, que para trayectos cortos es una gozada.

Con la logística resuelta, solo queda una pregunta: ¿por dónde empezamos el primer día?

Primero de tus dos días en València: centro, ensanche y Ruzafa

El primer día es para la València de toda la vida: el casco histórico por la mañana, una tarde con otro aire completamente distinto y una noche rematando en Ruzafa, el barrio que mejor cierra una jornada sin necesidad de moverte del centro.

Mañana: centro

Empieza en la Plaza del Ayuntamiento, que se cruza casi sin querer, con el ayuntamiento y el edificio de Correos flanqueando un espacio que en marzo se transforma por completo con la mascletà de las Fallas.

Igual que en un día en València.

Fuera de esas fechas es solo el sitio por el que pasa todo el mundo camino de otro lado, así que no hace falta que te entretengas mucho.

Sigue hasta la Plaza de la Virgen, el salón de la ciudad vieja: la Basílica a un lado, el Palau de la Generalitat al otro y la trasera de la Catedral cerrando el conjunto.

La Plaza de la Virgen
La Plaza de la Virgen, el inicio de tu ruta de 2 días

Si caes un jueves a las doce del mediodía te vas a topar con algo que no sale en ninguna guía al uso: el Tribunal de las Aguas, reuniéndose en la puerta de los Apóstoles como lleva haciendo desde hace siglos para resolver litigios de riego entre agricultores de la huerta.

Es el tribunal en activo más antiguo de Europa, y verlo en persona 10 minutos vale más que cualquier foto de la plaza. Hablamos de todo un Patrimonio de la Humanidad, ojito.

Entra en la Catedral aunque no seas de misas: dentro se guarda una reliquia que muchos defienden como el auténtico Santo Cáliz de la Última Cena, con más respaldo histórico del que cualquiera esperaría para una leyenda.

Si el cuerpo te pide vistas, el Miguelete ­­–la torre de la Catedral– tiene sus escalones de rigor, sin ascensor ni piedad, pero desde arriba el casco antiguo se ve entero, como un plano dibujado a mano.

Con dos días por delante, puedes subir también a las Torres de Serranos, una de las puertas góticas más grandes que se conservan de la antigua muralla medieval.

Desde lo alto, el jardín del Turia se ve como una cinta verde partiendo la ciudad en dos.

Cierra la mañana en la Lonja de la Seda –otro Patrimonio de la Humanidad– y el Mercado Central, que se miran de frente cruzando la plaza y cada cual es un puntazo.

Con tiempo de sobra, date el capricho de sentarte a tomar un vermut de pie sin mirar el reloj, que hoy no hay prisa que valga.

La plaza Brujas tiene un par de garitos apañados para ello, como el Café Lisboa, por ejemplo.

Comida: un arrocito sin prisa

Busca un sitio por el Carmen o cerca de la Lonja donde hagan buen arroz, que tampoco hace falta que sea paella: aquí hay arroces de todos los colores y sabores.

¿Y sabes lo que pasa?

Que un valenciano no suele comer arroces en los restaurantes, sino en su casa, así que no somos muy de recomendar… pero sí de advertir: no caigas en las trampas para guiris.

Un Yuso, por decirte alguno, te apaña.

Elijas lo que elijas, siéntate con calma, pide una sobremesa corta con un cremaet y deja que el estómago marque cuándo toca levantarse.

Tarde: Mercado de Colón y el Ensanche

La tarde cambia de aires del todo: te vas al Mercado de Colón, que no tiene nada que ver con el Central en ambiente, con esa estructura modernista de principios de siglo hoy convertida en terrazas y puestos gourmet.

Alrededor tienes el Ensanche, el barrio de calles anchas y trazado en cuadrícula que se construyó cuando la ciudad se quedó pequeña dentro de la muralla, con tiendas de toda la vida y fachadas modernistas que hacen que merezca la pena mirar hacia arriba de vez en cuando.

Si te apetece patearte tiendas, la calle Colón es la más comercial de la zona, y entre boutique y boutique siempre puedes pararte a echar un café o una cerveza bien fría.

A mí particularmente esta zona no me gusta demasiado, pero entiendo que en 2 días en València es bueno que pases por aquí antes de encarar la noche.

Noche: Ruzafa se enciende

Y para cerrar el primer día, Ruzafa.

Es el barrio que más ha cambiado en los últimos años, de calles de toda la vida a un mapa lleno de bares de vinos, gastrobares y terrazas que se van llenando según cae el sol, sobre todo por la calle Cuba y la calle Sueca, que son las que concentran más ambiente.

No hace falta plan cerrado ni reserva con semanas de antelación, salvo que caigas en fin de semana, que entonces sí conviene curarse en salud.

Verás un montón de gente en todos lados; así es el barrio en la actualidad. Si quieres jaleo, es ahí.

Si buscas sitio para cenar, es buena zona porque hay de todo, y Cánovas está algo más tranquilo y te pilla a un paseo corto.

¿Nombres? Uf, es que entre Ruzafa y Cánovas hay para aburrir, de verdad.

¿Rodamón, quizá?

Tras la cena, si te apetece estirar, en Ruzafa no te van a faltar los garitos.

Eso sí, suerte con la gente si es finde, que se pone a tooooope.

Segundo de tus dos días en València: futurismo, playa y Carmen

El segundo día cambia de registro por completo: dejas atrás la piedra con siglos de historia para meterte en la Valencia que no tiene ni treinta años construida, sigues hacia un barrio de pescadores con la playa al lado, y cierras la noche donde el arte urbano y las calles estrechas mandan por encima de todas las cosas.

Mañana: la Ciudad de las Artes y las Ciencias

Cuando buscas València en Google y te salen mil fotos de una estructura futurista, es esto.

Ciudad de las Artes y las Ciencias
Ciudad de las Artes y las Ciencias

Es el conjunto de edificios que forman la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Empieza por el Oceanogràfic si quieres evitarte las peores colas, que se va llenando según avanza la mañana, y date el tiempo que pida cada zona: los tiburones y las belugas tiran mucho, pero hay mucho más.

Es perfecto si vas con nanos.

Después, cruza hacia el Museu de les Ciències, con esa estructura de nervios de hormigón blanco que juega todo el rato con la luz y con el reflejo en los estanques que la rodean, y camina bajo L’Umbracle. Es el paseo ajardinado con palmeras que conecta todo el complejo y que de paso te deja la mejor foto del Palau de les Arts, con esa cubierta partida que parece un casco a medio abrir.

No hace falta entrar a todo lo que hay dentro de cada edificio para que la mañana valga la pena, que el conjunto entero, por fuera, ya impresiona bastante.

Tarde: el Cabanyal y la playa

De la ciencia te vas directo a un barrio que tiene poco que ver con lo que has visto hasta ahora: el Cabanyal, antiguo pueblo de pescadores que la ciudad se acabó tragando.

Está lleno de casas bajas cubiertas de azulejos de colores que cada familia decoraba a su gusto y que hoy conviven con galerías de arte y locales que han ido recuperando el barrio poco a poco.

Pasea sin prisa por sus calles, que aquí cada fachada cuenta algo distinto, y termina en el paseo marítimo, con la Malvarrosa a un lado y chiringuitos donde parar a tomar algo con los pies casi en la arena.

Si el día acompaña, date un baño; si no, siéntate igual, que el Mediterráneo se disfruta también mirándolo.

Noche: el Carmen se despierta

Para la última noche, el Carmen.

Si Ruzafa es la València más pulida y de terraza cuidada, el Carmen tiene el punto más crudo, de calle estrecha con historia encima y grafiti al lado de una fachada del siglo XV que nadie ha tocado en años.

De día es zona de galerías pequeñas y tiendas de segunda mano, pero en cuanto cae la tarde se llena de gente entrando y saliendo de bares pequeños, muchos sin ni siquiera cartel en la puerta, de los que encuentras porque te cruzas con la entrada de casualidad.

No busques plan cerrado, que aquí funciona mejor perderse calle a calle y dejarte llevar por la que tenga más ambiente esa noche en concreto.

Errores típicos al planear dos días en València

  • No reservar la entrada al Oceanogràfic con antelación y comerte una cola que no mola nada.
  • Venir en coche pensando en aparcar cerca del centro: Ciutat Vella tiene restricción de acceso por matrícula desde 2021, así que sin autorización no entras aunque insistas. O si entras, multazo al canto.
  • Dejar el Cabanyal para la noche, cuando ya no te quedan piernas, en vez de disfrutarlo con la luz de la tarde, que es cuando mejor se ve.
  • No usar el transporte público, que va fenomenal, o el Valenbisi si te gusta ir a dos ruedas

En general, València es una ciudad pequeña si la comparas con sus hermanas mayores, Barcelona y Madrid.

Moverte por aquí es sencillo y llegarás rápido a todos lados.

Preguntas frecuentes sobre tus 2 días en València

¿Qué ver en Valencia en dos días si es tu primera vez?

Ciutat Vella y el Ensanche el primer día, y la Ciudad de las Artes, el Cabanyal y el Carmen el segundo. Con eso cubres lo esencial sin morir en el intento.

¿Se puede hacer el Oceanogràfic y el Museu de les Ciències el mismo día?

Sí, entran de sobra en una mañana si empiezas pronto y reservas entrada con antelación para saltarte las colas.

¿Dónde alojarse para dos días en Valencia?

Ciutat Vella o Ruzafa conectan mejor con todo, aunque cuestan algo más. Patraix es una alternativa más económica sin alejarte demasiado.

¿Hace falta coche para esta ruta de dos días?

No. El centro se camina y para el resto hay tranvía, metro y bus de sobra. Si no, Valenbisi de caaaabeza.

¿Cuál es la mejor época para hacer esta ruta?

Primavera y otoño, con temperaturas suaves para caminar tanto el casco histórico como el paseo marítimo sin agobiarte de calor. En verano suben las temperaturas y el itinerario puede hacerse algo duro.

Umbracle
El Umbracle, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias

Y con esto y un bizcocho, tus dos días en València se cierran con la ciudad entera repasada: piedra, ciencia, zona marítima y dos noches que no se parecen en nada entre sí.

48 horas en València dan para mucho más de lo que parecía, ¿o no?